“Se montó un gran despliegue en el que participaron varias personas para lograr ocultar el crimen”. Las palabras del fiscal Pedro Gallo fueron contundentes. En la última audiencia realizada por el crimen de Érika Antonella Álvarez salieron a la luz varias certezas, pero el manto de incertidumbre está lejos de disiparse. Los porqués siguen sobrando en un expediente que continúa engrosándose día tras día.

Érika, según la investigación, el martes 6 participó de una reunión en la casa de Felipe “El Militar” Sosa, ubicada en Santo Domingo al 1.100, en Yerba Buena. A ese lugar también habrían concurrido Justina Gordillo, empleada judicial y novia del acusado, y por lo menos otros dos hombres que llegaron a la vivienda a bordo de un Chevrolet Classic gris.

Las macabras maniobras para ocultar el cuerpo de Érika Álvarez

Pasada la medianoche, Gordillo y los desconocidos se marcharon del lugar. En el departamento se quedaron la víctima y Sosa. Hasta las 1.10 del miércoles 7, la joven estaba viva, ya que a esa hora intercambió mensajes con su madre. “No tenemos dudas de que era ella y no otra persona, porque comentaron cosas muy particulares entre ellas”, aseguró Carlos Garmendia, representante legal de la familia Álvarez.

Golpes

Para María del Carmen Reuter, Carlos Picón, Marcelo Leguizamón y Gallo, los cuatro fiscales que intervinieron en la causa, Sosa habría asesinado a golpes a Érika. Picón, cuando acusó al “Militar” de homicidio simple, destacó que el imputado podría haberse aprovechado de su entrenamiento -fue integrante del Ejército y de la Legión Extranjera- para cumplir con su objetivo. No sólo tuvo en cuenta que podría haberle causado la muerte aplicándole la llamada toma “mata león”, sino que después, con nudos especiales, ató con una piola la cabeza y los pies para poder trasladar con mayor facilidad el cuerpo.

Caso Érika: cobra fuerza la línea narco y la de las fiestas electrónicas

El sospechoso escapó en una moto que había comprado el mismo día en que hallaron el cuerpo en Manantial Sur. Se fue a la casa de un country en Pilar, provincia de Buenos Aires. Al parecer, alguien le informó que lo estaban buscando por el crimen. Fue atrapado a bordo del rodado y con el pasaporte en la mano. Todo parecería indicar que pensaba fugarse al exterior, ya que llevaba consigo ese documento. Ese hecho terminó transformándose en el primer indicio de que el caso tenía un polémico y enigmático trasfondo.